CUANDO LOS ACORDEONES ORQUESTAN LA JUSTICIA #MartesDeColumnas @lorenapignon_ EN @heraldodemexico

COLUMNA, NACIONAL, POLÍTICA

Los números no mienten, aunque quienes los manejan sí: el 90% de los ciudadanos votaron por los candidatos que aparecieron en los famosos “acordeones”.

El lunes pasado, presentamos junto al presidente del PRI Alejandro Moreno Cárdenas y otros compañeros legisladores federales y dirigentes, una impugnación para anular la elección judicial del pasado 1 de junio. No es capricho opositor ni berrinche político: es la última línea de defensa ante el más burdo intento de domesticación de la justicia que hayamos visto en décadas.

Alejandro Moreno Cárdenas se erigió como el gran articulador de esta resistencia institucional, convocando a quienes aún creemos que la división de poderes no es un estorbo decorativo sino la columna vertebral de cualquier república que se respete.

Los números no mienten, aunque quienes los manejan sí: el 90% de los ciudadanos votaron por los candidatos que aparecieron en los famosos “acordeones” para el Tribunal de Disciplina Judicial. Una coincidencia que, como bien señaló el consejero Martín Faz, es equivalente a sacarse la lotería. Claro, si la lotería estuviera amañada.

Los vicios de origen son tan evidentes que resulta insultante tener que enumerarlos: casillas con más votos que votantes, boletas que jamás vieron el interior de una urna pero aparecieron marcadas en los cómputos, el robo de paquetes electorales completos y, por supuesto, la distribución masiva de esos acordeones que convirtieron el ejercicio democrático en una sinfonía dirigida desde Palacio Nacional.

La operación fue tan descarada que hasta los propios consejeros del INE quedaron estupefactos. “Regreso al paleolítico electoral”, sentenció uno de ellos. Otro habló de un “viaje al pasado” al encontrar evidencias de fraude que creíamos sepultadas para siempre.

Las “casillas zapato”, las “boletas planchadas”, las “urnas embarazadas” —todo ese bestiario de la picaresca electoral mexicana— renacieron como zombis en una película de terror democrático.

El consejero Jaime Rivera documentó casillas donde se encontraron votos que solo hubieran podido depositarse si la jornada electoral hubiera durado 29 horas en lugar de las 10 que marca la ley. La consejera Claudia Zavala fue más allá al advertir sobre la existencia de casillas con 100% de participación o incluso con más votos que votantes registrados, evidencia de una operación que debió financiarse con recursos cuantiosos de procedencia “desconocida” (aunque todos intuimos de dónde vino el dinero).

El INE, decidió excluir apenas 818 de las 84 mil casillas instaladas y declarar válida una elección que apesta a fraude desde cualquier ángulo que se le mire. Seis consejeros votaron por validar este engendro electoral, mientras que cinco se opusieron con argumentos. En 19 mil 336 casillas —el 23% del total— resultaron ganadoras las nueve candidaturas promovidas por el acordeón más difundido por los simpatizantes de Morena.

En 15 estados, el acordeón oficialista obtuvo un triunfo absoluto. En el 61.74% de las casillas obtuvieron la mayoría de votos entre seis y nueve candidaturas de dicho acordeón. Como señaló Faz, “se consumó una operación que tira por la borda décadas de lucha ciudadana por la autenticidad del voto”.

Nuestra impugnación no busca desestabilizar sino restaurar. No pretendemos generar caos sino orden constitucional. Exigimos que los juzgadores actúen con independencia y autonomía, no como empleados de un proyecto político que los quiere convertir en sus empleados de confianza.

Es significativo que aparte de los argumentos vertidos en nuestra impugnación, debemos resaltar la oposición que hubo en el propio Consejo del Instituto Nacional Electoral. Esta es la única elección del México moderno, después de la primera alternancia en el poder, que sale tan cuestionada y con tantas trampas exhibidas públicamente. Nosotros, mientras tanto, seguiremos siendo la piedra en el zapato de quienes pretenden convertir la democracia en una coreografía de circo.

POR LORENA PIÑÓN RIVERA

DIPUTADA FEDERAL

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