FRENTE AMPLIO POR MÉXICO: ¿CUÁL ES LA FÓRMULA GANADORA?

NACIONAL

Héctor Fernández Pedroza*

[…] teoría de la conspiración. Si sólo hay una manera “correcta”, si la gente es capaz de captarla, entonces si se aparta de ella, la causa debe ser una negligencia culpable de alguna clase, por parte de alguien.

 

Seymour Martin Lipset y Earl Raab, La política de la sinrazón.

El cambio radical -en las recientes semanas- del escenario político nacional con miras a los comicios presidenciales del próximo año, han venido a generar expectativas y entusiasmo inimaginables en una época en que parecía inevitable la consolidación de un modelo de gobernar que prometía durar 100 años condicionando la reasignación del gasto público a una política indiscriminada de estirar la mano con fines electorales.

 

En efecto, la sacudida mediática de Xóchitl Gálvez ha hecho saltar por los aires la zona de confort en que se encontraba el oficialismo a pesar de la profundización de la crisis de inseguridad e ilegalidad en que se cierne el país, gobierno que ni tardo ni perezoso ha lanzado desde Palacio Nacional una campaña para denostar a la figura que hoy por hoy tiene posibilidades emergentes de arrebatarle la presidencia al continuismo.

 

No obstante, los últimos acontecimientos en que varios personajes han descalificado los trabajos del Comité Organizador del Frente Amplio por México (FAM) cuestionando su imparcialidad, como el silencio de las dirigencias del PAN y del PRI, como de los “expertos” encargados de la supervisión de la plataforma tecnológica por la cual fueron capturadas las simpatías de los aspirantes a competir en la elección presidencial, obligan a hacer un alto en el camino con objeto de replantear los objetivos que se ha trazado y evitar que la oportunidad de cambiar el rumbo nacional termine convirtiéndose en humo.

 

Para nadie es un secreto la crisis de legitimidad por la que atraviesan todos los partidos políticos y su falta de sensibilidad para construir una ciudadanía basada en derechos y deberes, y no únicamente en un apoyo de la población en tiempos de elecciones, en una visión clientelista.

 

Es así como la formulación de una opción de gobierno ante a un populismo de estirpe más rancia, ha derivado en la conformación de coaliciones otrora impensables entre el PAN y el PRI en diversas entidades federativas, cuyos resultados más plausibles los encontramos en las elecciones intermedias de 2021 en donde las fuerzas opositoras obtuvieron más votos que la coalición gubernamental. La desaprobación social a la política criminal de salud implementada durante la pandemia, tuvo como corolario la pérdida de la mayoría de las alcaldías en la CDMX.

 

No obstante, la estrategia de “cacha votos” de la oposición, en especial por su trabajo nulo en la capital del país, no les alcanza -contando el voto de sus militantes- para ocupar la Presidencia de la República en 2024, pues no debe obviarse que el repunte inusitado de Xóchitl Gálvez en las encuestas se encuentra en el universo de los indecisos y personas que no se identifican con ninguna fuerza partidista o han dejado de votar, núcleo poblacional que previsiblemente se circunscribe en el abstencionismo (mayormente del sexo masculino) que en 2021 fue cercano a la mitad de los que poseen la calidad de ciudadanía.

 

En otras palabras, es ilusorio creer que el solo descontento social, el voto útil, hará ganar al FAM, o coalición (CAM) que resulte una vez formalizado el registro durante el proceso electoral, como un despropósito denostar a los que no votan calificándolos de indiferentes y antipatriotas.

 

Hasta hace unas semanas, la necesidad de aglutinar a todas las fuerzas políticas -grandes, medias y pequeñas- era esencial para atraer el voto de castigo contra el gobierno federal en la próxima contienda nacional, con la aparición de una figura líder como es Xóchitl Gálvez -por muy efímera que aún sea- si bien sigue siendo importante la unión de los principales partidos políticos, no así de fuerzas en proceso de extinción, menos aún de residuos que formaron parte de aquellas que hoy integran el partido en el gobierno.

 

El episodio mediático, desatado por los inconformes que no cumplieron con los requisitos para pasar a la siguiente etapa para la nominación en el FAM, sembrando dudas sobre el procedimiento, peor aún, haciendo eco de la supuesta confabulación empresarial para imponer a una candidata (como el guiño que recibieron desde el oficialismo, de las dos principales “corcholatas”), revela el talante antidemocrático de un minúsculo grupo acostumbrado a obtener en los escritorios lo que no puede lograr con respaldo social, solo una pequeña muestra de lo que le depara al FAM.

 

Permitir este chantaje, sin un pronunciamiento firme de las dirigencias del PAN y del PRI, es no entender la coyuntura histórica por la que atraviesa en este momento el país, ante la posibilidad de atraer el apoyo y el voto de ciudadanas y ciudadanos decepcionados de la política, que no encuentran espacio, que no se identifican con una política paternalista en que se les trate como menores de edad.

 

Precisamente, el fenómeno Xóchitl Gálvez se debe en buena medida a su trayectoria personal de esfuerzo y éxito al margen de cualquier patrocinio político y partidista, un ejemplo con base a sus méritos. Contrariamente, ignorando que es la aceptación social la que está detrás de su vertiginosa ascensión, la ingeniera y empresaria en las últimas semanas, ya sea consecuencia de su inexperiencia o del aislamiento al que la está siendo sometida por su círculo cercano, ha caído en la trampa que le ha tendido el oficialismo:

 

1)      hasta hace poco no dejar de “agradecer” al titular del Ejecutivo Federal, por su actual posicionamiento en las encuestas;

2)      declarar su confianza en un fiscal general que no rinde cuentas de nada a nadie;

3)      pedir a una de las “corcholatas” devolverle el favor de haberla defendido de ataques xenófobos;

4)       recurrir a clichés ampliamente utilizados por el partido gobernante, como llegar en bicicleta a un evento público con la intención de empatar con un sector de la sociedad, cuando ni sus auxiliares hacen uso de dicho medio de transporte, menos ahora, cuando se requiere que la aspirante tome medidas adicionales de seguridad;

5)       excederse en un lenguaje coloquial que poco ayuda a atraer el voto de la gente indecisa, que lo que quiere es oír propuestas concretas;

6)       nombrar “mi jefe” a uno de los que pretenden condicionar su apoyo al FAM, cuando lo que importa es que ella demuestre autonomía frente a la partidocracia;

7)       más lamentable aún, es el empeñarse en una estrategia sexista, al reiterar -en dos de los foros- que “tengo los ovarios” para enfrentar al crimen organizado, continuación de sus dichos de que detrás de ella no hay ningún hombre, de su preferencia porque sea otra mujer la candidata de la oposición para la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

 

La factura a esos exabruptos, han quedado evidenciada en la primera encuesta en donde si bien la ubican en el primer lugar de las preferencias, se reduce el margen de distancia en proporción a la segunda competidora.

 

Xóchitl Gálvez no ha entendido que la fórmula para ganar la Presidencia de la República, no pasa por atraer a los poco más de 21 millones de electores que votaron por el oficialismo en 2021, voto duro que casualmente coincide con el número de beneficiarios de los programas asistencialistas.

 

Que al potencial universo de votantes a conquistar lo que menos les interesan son las visiones simplistas y perversas de un país de buenos y malos, de pobres versus clase media, de mujeres versus hombres.

 

Entender que la efectiva igualdad de todos ante la ley y la igualdad de oportunidades -axioma de las sociedades desarrolladas- permitirá alcanzar la equidad y el trato digno a cualquier mujer; donde las personas, con base a sus aptitudes puedan progresar y no por su condición racial, edad o sexo-género.

 

Se tiene por fortuna el tiempo suficiente para que el FAM y en particular, Xóchitl Gálvez, den un golpe de timón y reconduzcan el camino. Debiendo dejar lo suficientemente claro, que es el liderazgo ciudadano (representado por la aspirante) y no la partidocracia, la que debe marcar el pulso de lo que deberá convertirse en un programa de gobierno alternativo e incluyente. Aunque para ello deberá esperarse a que en las siguientes etapas, en la segunda encuesta y consulta, se confirme que será ella la abanderada de la oposición para la elección presidencial.

 

En cualquier caso, la ingeniera y empresaria debe abstenerse en público o privado de asumir acuerdos con personas o grupos que lo único que provocarán es que le sean atadas las manos, incluso antes de la jornada electoral. El terrero aún es largo y pantanoso, en que no se puede borrar de la memoria que personajes actuales de dos de los tres partidos políticos del FAM fueron activos promotores en boicotear conjuntamente cualquier iniciativa de cambio proveniente de los gobiernos federales panistas, como tampoco se debe olvidar que no hay al día de hoy un deslinde -desde el priismo- con respecto al gobierno corrupto del peñismo; que decir del PAN, sin líderes ni trabajo social, cuya estabilidad interna lo da el reparto de espacios que permiten la representación y el financiamiento público.

 

Xóchitl Gálvez debe articular sus acciones en modo ciudadano y no en modo partidario, de no hacerlo, no habrá manera de atraer el voto de millones de mexicanos y mexicanas que se encuentran indecisos para votar o de plano ya no votan; siendo estos los que pueden convertirse en el fiel de la balanza.

 

En un contexto, en que se entra en la fase más peligrosa de un gobierno opaco y arbitrario, que es el miedo y la desesperación a perder el poder.

 

Es cierto, que en el segundo foro Xóchitl Gálvez se vio más propositiva, no obstante, no tuvo ningún mensaje o propuesta para la tan golpeada clase media, que casualmente, sí presentó su contendiente más cercana, al proponer un verdadero servicio civil de carrera en la administración pública federal, en donde ese sector de la población tiene mucho que aportar por su aptitud; como tampoco en materia de seguridad hubo una referencia a la vulnerabilidad y riesgo que padecen los menores de edad (30% de la población total) al no contar con un documento de identificación certero que les proteja ante la emergencia nacional que se vive.

 

Decir, por otro lado, que fue un gran error haber descartado en la primera encuesta a uno de los aspirantes que contaba con gran aceptación en amplios sectores de la sociedad civil por méritos propios y por su margen de autonomía ante los partidos políticos. Los resultados que se dieron a conocer, a su vez, reflejan el papel que están jugando el voto duro de los partidos PAN y PRI en la contienda, como las suspicacias que se tiene dentro de las formaciones políticas de las figuras independientes. Siendo un foco rojo, el riesgo de que en la consulta de FAM no ganara la que se confirme en la encuesta que es la mejor posesionada para la candidatura presidencial de la oposición, ante la abrumadora presencia en la plataforma de registro de militantes del PRI y en menor medida del PAN, este último tentado a dividirse entre dos de sus aspirantes; abriendo una disputa partidista que no reflejara el sentir en las calles, de los ciudadanos de a pie.

 

La declinación del candidato de la militancia panista, y el llamado a cerrar filas al interior del partido en torno a la ingeniera y empresaria, que es también la candidata natural de la sociedad civil, es un síntoma de que se ha empezado a tomar conciencia de los errores cometidos.

 

El otro escenario, no menos preocupante, es creer que la eventual estrechez con que Xóchitl Gálvez gane la candidatura del FAM, es un síntoma de la “fuerza social” de la aspirante que quede en el segundo lugar, lo cual también es un espejismo. Siendo oportuno este apunto, ante la pretensión de que sea esta la que se convierta en la candidata para la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, utilizando además el discurso sexista o de género. Lo cual, en caso de producirse, derivará en un fracaso rotundo.

 

Hay que decirlo sin ambigüedades, que en las actuales circunstancias, los indecisos y los que se abstienen de votar, no van a apoyar a un candidato o candidata que provenga de las estructuras partidistas. Es confundir al FAM con la sociedad civil, al árbol con el bosque.

 

En cambio, lo que sí sería atractivo para un porcentaje importante de la sociedad mexicana, alejada de la partidocracia, es que para la elección del principal cargo de la capital del país las fuerzas de oposición recurrieran a otra personalidad con el mismo perfil que la aspirante que hoy liderea las preferencias en el FAM. Es ahí donde Enrique de la Madrid Cordero puede cumplir con ese propósito de cara a los ciudadanos independientes.

 

Una mancuerna con esas características, federal y local, transversal y no vertical sería decisiva para frenar al populismo autoritario. En ambos casos, deberá hacerse el compromiso de construir un gobierno plural y no un gobierno de coalición (basado en cuotas partidistas) que complicaría aún más la gobernabilidad del país.

 

 

*Autor de las obras Derecho a la Identidad Personal y Cédula de Identidad en México (Civitas&Universitas, 2022). Consultor. Estudios de doctorado y maestría en Derecho Constitucional Universidad de Sevilla, España. hfernandezp@comunidad.unam.mx