JUEGO LIMPIO #MartesDeColumnas @mfarahg EN @heraldodemexico

El deporte nos hace ver que, para que una convivencia sea sana, justa y duradera, es necesario acatar las reglas y salvaguardar los derechos de todos.
Hoy se conmemora por primera vez el Día Mundial del Juego Limpio, establecido por la Asamblea General de la ONU en julio del año pasado con el fin de promover la práctica del deporte con espíritu de amistad, solidaridad, tolerancia, inclusión y no discriminación.
Este propósito puede incidir más allá de los escenarios deportivos, porque si se educa para el deporte, se educa para la vida, en tanto que el deporte es una representación de lo que sucede en la convivencia comunitaria.
El deporte contribuye a la formación de niñas, niños y jóvenes porque parte del establecimiento de reglas equitativas que obligan por igual a todos los participantes, quienes previamente aceptan esas normas y sus sanciones.
El juego limpio implica el respeto a las reglas, a los adversarios, a los árbitros y al público. Al ser un espejo de nuestras relaciones sociales, el deporte nos hace ver que, para que una convivencia sea sana, justa y duradera, es necesario acatar las reglas y salvaguardar los derechos de todos.
Si extraemos de las canchas estos principios y los llevamos a otros ámbitos de la vida comunitaria, se aprecia con claridad que la ausencia de juego limpio afecta profundamente la coexistencia social, política, económica, judicial, cultural y de muchos otros órdenes de la convivencia.
El juego limpio favorece, protege y fortalece el Estado de derecho, las libertades individuales y los derechos humanos, a la vez que excluye, por definición, la violencia y la transgresión de las normas, y por lo tanto el delito, el abuso y la trampa.
Si pensamos en juego limpio, emergen, con toda su monstruosidad y sin que quepa ningún tipo de normalización, los más graves delitos, como el homicidio, el feminicidio, la desaparición de personas, la extorsión y muchos otros.
El juego limpio excluye las campañas de denostación y descalificación que contaminan la arena política, en un ir y venir de maledicencias que no solo desacreditan a personas y trayectorias, sino que también denigran al oficio mismo, privando a la sociedad de una vía de acuerdo indispensable.
Se violenta el juego limpio cuando se afecta los derechos de alumnas y alumnos, y cuando sus maestros, en lugar de cumplir su responsabilidad, optan por maleducar en las calles, creando caos en los espacios públicos para presionar a las autoridades e imponer condiciones.
En otro ámbito, he propuesto en recientes artículos preguntarnos si los narcocorridos benefician o perjudican la convivencia social, y creo que la interrogante sigue siendo válida porque cabe reflexionar, a la luz del día que hoy se conmemora, si la exaltación de criminales alienta el juego limpio o el juego sucio.
Extrapolar el juego limpio a todos los ámbitos de nuestra convivencia es poner a contraluz el origen de muchos de nuestros problemas y conflictos en el orden local, nacional e internacional.
Tratar de aplicar la lógica del juego limpio en la vida común no es la panacea, desde luego, para garantizar la prevención o solución de nuestras disputas o desencuentros, pero es un buen principio para replantarnos con urgencia los términos de nuestra convivencia.
POR MAURICIO FARAH
ESPECIALISTA EN DERECHOS HUMANOS
@MFARAHG










