LA RESURRECCIÓN DE CHAVELA / FABIOLA DÍAZ DE LEÓN ESCUELA DE SEÑORITAS @escdesenoritas

NACIONAL

Chavela renació varias veces, la primera cuando pudo llegar a México. La segunda tras haber desaparecido 13 años de los escenarios y reapareció en el 91 en el Bar El Hábito los viernes. La tercera cuando pasó 19 años escalando por lugares y teatros cada vez más reconocidos por todo el mundo y por último y ya póstumamente con el documental Chavela que se puede ver en Netflix.

De Chavela había dos planos todo el tiempo, su leyenda el primero y su cotidiana el segundo. Yo puedo hablar en primera persona de lo que fue tener a Chavela Vargas en cartelera del 91 al 93 en El Hábito porque durante ese tiempo fui socia y gerente del bar. Ella llegaba puntual todos los viernes, con sus lentes, su ropa impecable, su pelo blanco corto, una maletita y su colonia sanborn’s de naranja. Me decía: a mi sólo me vas a dar tehuacán con limón. Su pareja, la abogada Alicia Elena Pérez Duarte, por lo general la acompañaba o llegaba a la función. Pero eso era siempre un misterio porque así como unos viernes le tocaba alfombra roja, otros no podía pasar de la puerta. Entonces poco a poco la pregunta obligada era: “Doña Chavela, ¿Alicia Elena hoy entra o no entra?” La respuesta era variada, a veces sí a veces no. Este estira y afloja de su relación fue constante durante los 3 años de su temporada.

El Hábito se posicionó por presentar estrellas que pertenecían a una época de antaño que había sido dorada, se estrenó en noviembre del 90 con las Hermanas Águila, Paz y Esperanza, pero cuando una de ellas enfermó fue imposible continuar su temporada de los viernes, ese hueco con Chavela quedó cubierto y con ella llegó la crema y nada del público de México y el extranjero. Políticos, intelectuales, artistas, periodistas, empresarios, la bohemia de los 50 a los 70 repetía su asistencia viernes tras

viernes y Chavela subía como la espuma y con ella el bar. Antes de presentarla acompañada de Marcela y Oscar (sus dos guitarras, la primera hermana de Jesusa) flanqueada por un majestuoso Nopal de tela brillante con espinas de alfileres que aportó Tolita Figueroa, su hilera de candilejas de hoja de lata en forma de nopalitos con sus respectivas veladoras al frente. Su micrófono al centro y enfundada en su jorongo rojo. Chavela cantaba, empezaba con su Macorina y terminaba con La Llorona. Entre algunas canciones contaba uno que otro chiste. La única vez que la vi improvisar fue un día que una cucaracha de jardín, de esas voladoras, decidió revolotear a su alrededor durante unos minutos, fuera de eso sus brazos iban siempre en el mismo lugar, su postura igual, su discurso inamovible. Cuando la vi más feliz fue cuando llegó su amiga Katy Jurado a visitarla. Siempre comentaba como en sus borracheras se aventaban la pera de la carretera a Cuernavaca de reversa, nunca supe si de ida o de vuelta o las dos.

Cuando Chavela aceptó u ofreció su temporada en El Hábito ya estaba completamente limpia de alcohol, y ya llevaba tiempo así. Decía que ella ya había acabado con toda la producción de la jima de todo México en su momento. Que ahora iba tras los limones y el agua de manantial gasificada. Chavela se regodeaba en su leyenda, en subir su amado tepozteco y en sostener una relación con Alicia Elena. Durante todos los viernes de esos 3 años no la vi interesada en otra mujer que no fuera ella, que las mujeres se interesaran en ella, esa era su forma de ver la vida, ella a sus 71 años era la más irresistible versión de Venus sobre la tierra. Como buena diosa era inalcanzable, inasible. Pero para ella todas estábamos enamoradas de ella. La cosa era que no nos dábamos cuenta o no lo queríamos aceptar o la explicación que fuera para mantener esos platónicos eternos. Chavela era aries, aries del mayab le decía uno de sus más asiduos fans.

Destaca en el documental que se sostenga que Chavela se fue de México a España como mantequilla en un pan, las cosas no fueron así, en el 93 la taquilla de Chavela empezaba a bajar, de un promedio de ingreso para el bar que rondaba los 50 a los 60 mil cada viernes, fue bajando y eso llevó a que Jesusa y Liliana tomaran la decisión de cancelar su temporada. Un día llegó Chavela y se encontró con esa noticia que aplicaba de una semana a otra, de ahí que en el 93 se fuera a España y volara por cielos más altos que un bar en coyoacán.

Otro detalle que escapa al documental fue que cercando el 2000 se presentó en el Carnegie Hall en Nueva York y que de ahí apareciera un disco en el 2005. Probablemente en todo el documental la que retrata a la verdadera Chavela sea Alicia Elena. Sea como sea, queda un documento maravilloso sobre una mujer única e irrepetible: Chavela Vargas.