#MartesDeColumnas “PUEBLA Y LA BENDITA PANDEMIA” @CarlosUrdiales

COLUMNA, NACIONAL, POLÍTICA

En Puebla ensayan estatizar la educación privada, desde Morena sondean convertir al Inegi en la KGB, que de la riqueza privada, haga inventario nacional; en Baja California sondearon la reelección, diputados fintan con hacer de la propaganda, película y cultura.

En la versión 4T de “visitando a las estrellas”, el ideólogo de la comunicación transformadora, Epigmenio Ibarra, desveló una revolución en marcha, anticipó días estremecedores y luminosos; todo mientras se inventa la nueva normalidad, adivinación futurista a partir del opaco presente estadístico. Todo nuevo, métricas económicas y éticas políticas.

El gobernador de Puebla y el Congreso local modificaron a hurtadillas leyes para hacer de la educación privada -25 universidades y más de 2 mil 700 colegios particulares- un nuevo activo público, regular cuotas e impedir que la instrucción de paga genere lucro; quiere blindar al sistema contra una nueva estafa maestra, que utilice la academia como fachada para asaltar al erario.

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Miguel Barbosa transitó de recetar mole con guajolote como vacuna contra el coronavirus, a prescribir la pobreza como inmunidad viral hasta crear su propio semáforo y calendario sanitario, impidiendo por lo pronto que las armadoras VW y Audi, más la industria periférica, reanuden actividades porque ni mole ni miseria sirvieron contra la neoliberal pandemia.

Todo, en medio de la bendita peste que vino “como anillo al dedo” para reafirmar postulados 4T, cuya narrativa 2.0 se enfila a culpar de las dolorosas consecuencias que la debacle productiva tendrá.

BBVA vaticina 12 millones de mexicanos más en pobreza extrema, el Coneval estima entre 9 y 12, la Cepal una contracción del 8 por ciento anual, pobreza laboral creciente y las estimaciones oficiales —optimistas y parciales por defecto— pasaron en quince días de medio millón de desempleados a un millón este fin de semana, sin contar los estragos en la economía mayoritaria que es la informal.

Golpes de efecto como tratar de engullirse de un bocado todo fondo y fideicomiso a la vista, ante el apremio presupuestal, provocan revueltas virtuales como la del club de los premios Oscar que exhibieron la ignorancia legislativa y el desprecio cultural partidista.

Destruir sin construir, máxima que atiende urgencias transformadoras en medio de la pandemia, exhiben, a través de notables nimiedades, como es ignorar el uso de cubrebocas en lugares públicos; la vieja-nueva ética política de una claque que se asume diferente, mejor, moralmente superior, y no.

¿Qué pasaría si la bendita pandemia no existiera? ¿Qué nueva métrica buscaría el Gobierno si la economía nacional creciera al 4 por ciento como prometió el Presidente López Obrador? ¿Si la paz creciera y la violencia cediera?

El parteaguas global que la crisis epidémica representa, esboza trazos adelantados, el colapso de promesas y fianzas públicas será endosado a las oscuras resistencias corruptoras y neoliberales. Súmese Covid-19 para explicar aquello que no ocurrirá conforme a las viejas métricas, como el PIB, pero que, con novedosas escalas felices, rebasaremos con suficiencia insospechada.