OTRO DÍA DEL HOLOCAUSTO: QUE LA MEMORIA NUNCA NOS FALLE / FABIOLA DÍAZ DE LEÓN ESCUELA DE SEÑORITAS @ESCDESENORITAS #JuevesDeMasColumnas

Casimiro Hernández Hernández, mi abuelo materno.
El 27 de enero de 2021 comenzó a circular el siguiente mensaje:
Yom HaShoah יום השואה comienza esta noche … En todo el mundo, se encenderá una vela que arderá durante 24 horas en memoria de los 6 millones de víctimas judías del Holocausto.
Al hacer clic en el enlace de abajo, aparecerá el nombre de uno de los 6 millones de deportados. Puede encender una vela virtual haciendo clic en el enlace amarillo. Y si lo desea, aparecerá la información recopilada por Yad Vashem sobre esta persona que le habrá sido confiada. También puede personalizar la vela (ver el sitio). Copiar y pegar dirección.
https://www.Illuminatethepast.org
Hazlo y reenvía el enlace. Gracias
No estarán mal seis millones esta noche solo necesitas hacer clic en veinte segundos
Ayuda recordar a una persona.
Cuando entré al sitio hice clic y prendí una luz por Avraham Mauer, un polaco nacido en 1890 que como millones murió en Auschwitz. Sentí un profundo orgullo por honrar su memoria aun cuando no me tomara más que unos segundos. Un esfuerzo mínimo. Un gesto insignificante de mi parte, pero un paso enorme como humanidad al poder unirme en un esfuerzo por no mantener la cifra anónima. Sus memorias perdidas en décadas. Pensé que una comunidad sin memoria es una comunidad a la que le falta la extremidad simbólica de la historia. Pensé en los miles de víctimas que -judías o no- se encuentran entre los millones de seres que fueron criminalizados, explotados y llevados a una muerte que sólo nos sirve para que no vuelva a pasar. Pero eso es un pensamiento que lleva intenciones buenas vacías. Hoy, en el siglo XXI tenemos niños encarcelados en la frontera y cercenados de sus familias. Y no pasa nada.
Mi tía Carmen sostenía que mi abuelo paterno era un judío ruso que fue perseguido por los cosacos zaristas en su pueblo y acabó exiliado en México. Adoptado por la familia Hernández Hernández y pasó de ser un Kagan a un Hernández, Casimiro. Mi mamá siempre lo puso en duda.
Tengo la mala costumbre de vivir y revivir la historia como si fuera un archivo ineludible. Pienso en que mi pensamiento de izquierda, mi homosexualidad, mi irrenunciable condición de privilegio burgués, mi condición de salud mental, de encontrarse con gobiernos fascistas y totalitarios con una aspiración absurda de pureza y moralidad mal entendida me pueda hacer blanco de persecuciones. Pienso en mis amigos homosexuales y que comparten tanto conmigo, que mis hermanos de la diversidad podemos ser blanco de persecución o, mínimamente, señalamiento, y regreso una y otra vez al holocausto. Pienso en mi condición de mujer y reconozco la violencia que he vivido dentro y fuera del ámbito familiar, laboral, el día a día del cuestionamiento de mi condición femenina y el tener que imponerte como autoridad ante el machismo inherente en el pensamiento masculino tóxico de México. Y creo que, así como Don Luis G. Basurto hizo Cada Quién su Vida, todos vivimos en un eterno Cada Quién su Holocausto.
Los migrantes que pierden su identidad y hogares, lxs trabajadorxs sexuales que son eternamente explotados por un sistema que a cambio de unas monedas se exponen ante autoridades y usuarixs. Los riesgos de salud que conlleva su actividad para salir económicamente adelante y responder como proveedores de sus seres queridos.
Pienso en lxs vulnerables de la diversidad, las comunidades trans y no binaries, que sufren una ola de pensamiento totalitario que pretende invisibilizarlos en un esfuerzo por eliminar la lucha que los ha hecho visibles y merecedores de poquísimos derechos y que ahora se ve contaminada por un discurso que exige que esos derechos ganados no avancen.
Pienso en las poblaciones racializadas que siguen siendo blanco de discriminación y cuya identidad e historias no avanzan en el México del nacionalismo de Estado. Cómo tienen en este momento histórico menos oportunidades que los que descendemos de la parte colonizadora. En lo absurdo que es vernos distintos entre nosotros cuando compartimos las mismas fronteras.
Pienso en las víctimas que, aun siéndolo, no reconocen las violencias que viven a diario y que padecen, pero que no se pueden dar cuenta de su condición vulnerada.
Pienso en los empleados que, con la pandemia, han visto sus ingresos y empleos perdidos o en riesgo, que han cambiado toda su forma de vida a razón de ellos.
Pienso que de tener un Tercer Reich absoluto y asesino ahora tenemos micro Reichs que se multiplican como medusas de mar que nos queman con su veneno y que se replican en todos los espacios.
La memoria es nuestra forma de articular el discurso que viene, sea interior o público. De ahí su importancia fundamental, de ahí que mi mayor tristeza y empatía sea con los que por condiciones de edad, enfermedad o trauma, pierden su memoria.
Todo lo anterior, forma pequeños Holocaustos que se siguen replicando como si no existiera memoria.
Pienso en un México cada vez más en las manos del Ejército que es la cuna de todas las violencias en el mundo.
Un día para conmemorar el Holocausto no es sólo judío, ese pueblo ha sido punta de lanza, pero los perseguidos y señalados somos la gran mayoría. Deseo que la memoria sirva para que cada uno podamos vivir la revolución que nos toca y nos liberemos de los Nazis o los egipcios, que cada uno seamos parte del pueblo elegido para dejar de estar esclavizados, por nuestro entorno o prejuicios.










