PASIÓN POR CORRER / LA EXPERIENCIA DE CAMINAR #MartesDeColumnas @ayalaross1 en @elheraldo_mx

¿A quién no le ha pasado que al voltear la mirada atrás, después de un buen rato de andar, por ejemplo, en la playa, te asombra darte cuenta de la larga distancia recorrida?
Supongo que a medida que pasa el tiempo, vamos reencontrándonos con el placer y el gozo que da el entregarse a las actividades más simples y naturales, como caminar. Aunque correr es mi pasión, he descubierto en el andar una manera distinta de pensar, sentir y vivir las distancias, de escuchar no sólo lo que el cuerpo o la mente te va diciendo, que el alma también te habla y caminar te enseña a escucharla. “Andar es el ejercicio perfecto para reflexionar”, decía Aristóteles.
¿A quién no le ha pasado que al voltear la mirada atrás, después de un buen rato de andar, por ejemplo, en la playa, te asombra darte cuenta de la larga distancia recorrida? El sitio del que partimos se ve tan lejano que se vislumbra ya en el horizonte. Y si a este sencillo acto de poner un pie delante del otro, lo acompañas con la cadencia de la respiración y el suave movimiento de los brazos, estoy segura que podríamos ser capaces de llegar muy lejos.
Resulta fascinante pararse a pensar en la trascendencia que ha tenido el andar en la historia de la humanidad. Descubrir cómo nuestros pies, literalmente, han movilizado al mundo: La capacidad de andar erguidos nos convirtió en lo que somos, desde que el primer homínido se puso de pie y con ello comenzó nuestra evolución, pasando por las peregrinaciones y caminatas de monjes y filósofos como Kant, Hegel, Nietzsche, Heidegger, o los pequeños pero grandes pasos de Neil Armstrong sobre la superficie lunar, hasta las grandes hazañas deportivas. Somos seres itinerantes en el universo.
Un estudio reciente del Instituto Feinstein de Investigación Médica de Manhasset, Nueva York, realizado en 72 mil personas, revela que “caminar entre nueve mil y diez mil pasos diarios reduce el riesgo de muerte por padecimientos asociados al sedentarismo y a las enfermedades cardiovasculares, en al menos un 20 por ciento, en los próximos cuatro a seis años”. Además, señala que” las personas mayores de 60 años fueron las más beneficiadas en el estudio, porque son las que tienden a perder la forma física más rápidamente a medida que envejecen”.
Para esta investigación, se tomó un parámetro de 10 horas y media al día como principio de “alto sedentarismo” porque “sus datos revelaron que los riesgos para la salud por pasar horas al día sentado aumentan exponencialmente a partir de ese tiempo”. La principal conclusión fue que, tratándose de caminar, más es mejor, pero la constancia es la clave. La magia consiste en no parar, en buscar siempre más momentos para andar a lo largo del día e, incluso, de la noche.
Como este, hay decenas de rigurosos estudios científicos que afirman que al caminar nuestro cerebro y nuestro cuerpo siempre saldrán beneficiados. Es una solución sencilla y personal que tenemos al alcance de nuestros pies para aliviar muchos de nuestros males, incluidos los del alma, pues mejora el estado de ánimo, la creatividad, el autoconocimiento y la conexión con el mundo natural y social. Así que: Caminemos, no importa si repites el mismo recorrido cada día o no paras de explorar otros nuevos, que al final ese vagabundeo justifica una vida mejor.
POR ROSSANA AYALA










