POR NARCO, NO POR DICTADOR #MartesDeColumnas @Yalessandrini1 , EN @diario24horas
Cualquiera que esté celebrando en Venezuela, en México, en Estados Unidos o en cualquier otra parte del mundo la captura y encarcelamiento del narcodictador Nicolás Maduro está tonto, está ciego… o ambas. Quienquiera que se haya aliado con el Tío Sam para deponer al miserable heredero de Hugo Chávez (otro dictador) no sabe en la que se metió. Y es que en política (en este caso en específico me refiero a la política internacional) la forma es fondo y, definitivamente, la incursión estadounidense del pasado fin de semana en territorio venezolano presume varias aristas de que alguien por allá hizo un muy jugoso (aparentemente) pacto con el diablo.
De entrada, todo señala que la cabeza de turco fue la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, quien, en automático, tras la deposición de Maduro, asumió en condición de encargada todas las atribuciones, deberes y facultades inherentes al cargo de presidente de la República Bolivariana de Venezuela. La opinión pública venezolana y la internacional la acusan de haber traicionado a su jefe y a su país. Y eso, aseguran, lo va a pagar muy caro.
En lo personal, considero que es positivo que por fin Maduro no esté más al frente del gobierno venezolano. En 12 años y pico que se desempeñó como presidente en Venezuela hizo mucho daño. Empobreció a la nación, cometió una infinidad de violaciones a los derechos humanos recargado en su milicia, ordenó y consintió que decenas de miles de sus opositores fueran encarcelados, torturados y asesinados y a cambió él y su familia se enriquecieron groseramente a expensas de millones de venezolanos que cayeron en pobreza extrema.
Sin embargo, bien vale la pena darle una lectura asertiva y atingente a su captura y traslado a EU, donde ya está encarcelado junto a su esposa Cilia Flores: Nicolás Maduro no fue capturado y detenido por ser un miserable y cobarde dictador. No, señor. Fue llevado ante la justicia gringa por ser un vulgar narcotraficante. El Departamento de Estado norteamericano y la DEA durante años han monitoreado sus vínculos con el Cártel de Sinaloa y el Tren de Aragua.
Pero, en contraparte, otro que cometió un error garrafal fue el presidente estadounidense, Donald Trump. El magnate neoyorquino se sigue comportando como chivo en cristalería y eso es algo que eventualmente tendrá que pagarlo muy caro. En esta ocasión se pasó por el arco del triunfo todos los tratados internacionales habidos y por haber en aras de cumplirle al mundo entero su arenga de ir a por los grupos narcoterroristas que por décadas han envenenado y asesinado a miles de norteamericanos. Pero no nos engañemos, esta incursión trumpista nada tiene que ver con la democracia, la soberanía y la paz del pueblo de venezolano. Nada de eso. El verdadero motivo de esta invasión ilegal a un país extranjero, con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) haciéndose de la vista gorda, es el petróleo. Estados Unidos ha vivido de arrebatarle a otras naciones lo que ellos no tienen. Así ha sido, así es y así será siempre. Tan simple como eso.
Y aquí en México, definitivamente, debemos entender esta coyuntura como un te lo digo Juan, para que lo entiendas Pedro. Por eso es que en “La Chingada”, Chiapas, alguien ya avisó que está espantado. Muy espantado.
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