REGIDURÍAS: POLÍTICA DE PROXIMIDAD #Domingueando @AnaLiliaHerrera EN @heraldodemexico
Rodrigo argumentó desde la oposición en el Cabildo la inviabilidad normativa de autorizar inmovilizadores vehiculares y aunque la mayoría aprobó que se utilizaran las llamadas arañas, esa política fue repudiada por la sociedad y abandonada a los pocos meses.
La política más poderosa no se decreta ni se mide en discursos elocuentes. Nace de escuchar, de estar y de resolver en lo local, donde surgen los problemas, pero también las alianzas y las alternativas de transformación reales. Por eso las regidurías pueden y deben ser el eslabón entre lo que la sociedad vive y lo que el gobierno decide.
A lo largo de muchas campañas políticas, la queja recurrente contra las y los políticos, se repite: “solo vienen cuando necesitan el voto” y quizá la figura que más sufre el estigma es la regiduría. Para muchos, una persona desconocida que levanta la mano en las sesiones de Cabildo; para otros, un puesto de relleno en la planilla de quien encabezará el Ayuntamiento o la Alcaldía.
Conviene subrayarlo: los regidores no tienen presupuesto propio para hacer obras. Su poder está en aprobar y vigilar el Presupuesto de Egresos, así como en exigir cuentas a el o la presidenta municipal. Su voto aprueba o no a las personas que integrarán el gabinete municipal e incluso los planes de desarrollo urbano.
Cuando un regidor entiende su función legal y asume su papel con vocación pública, puede convertirse en el primer respondiente de los problemas cotidianos, el puente entre la calle y el presupuesto. Hay quienes ven en las regidurías una opción cómoda para hacer “grilla” con sueldo, pero también quienes encuentran en este pequeño-gran espacio de representación, la oportunidad de servir en el lugar donde viven, a sus vecinas y vecinos, a los que volverán a encontrar en la calle, en la escuela o en la tienda, cuando el cargo termine.
En esta entrega, quiero compartir un caso real: el de mi paisano Rodrigo Falcón en Metepec, Estado de México. Un regidor que impulsó la adecuación de normas municipales para garantizar la inclusión y accesibilidad de personas con discapacidad y logró más que un acuerdo de Cabildo: la publicación de una Guía Municipal de Accesibilidad en Edificios Públicos, un instrumento técnico que hoy sirve para evaluar, exigir y corregir. Una política pública concreta, que trasciende la temporalidad del cargo.
El mismo regidor que propuso ciclovías emergentes en un Pueblo Mágico construido para automóviles y que defendió el Parque La Pila frente a la intención de instalar ahí un cuartel de la Guardia Nacional, no por desdeñar la necesidad de reforzar la seguridad, sino porque garantizarla, no puede darse a costa de los pocos espacios verdes y públicos de convivencia del municipio.
Rodrigo argumentó desde la oposición en el Cabildo la inviabilidad normativa de autorizar inmovilizadores vehiculares y aunque la mayoría aprobó que se utilizaran las llamadas arañas, esa política fue repudiada por la sociedad y abandonada a los pocos meses.
Desde una mirada institucional, el Cabildo es el parlamento de la ciudad: un cuerpo colegiado donde el o la presidenta municipal necesita el aval de regidores y síndicos para endeudarse, vender patrimonio, modificar impuestos o privatizar servicios. Los regidores son, en sentido estricto, legisladores locales. Por eso presiden comisiones -de Seguridad, Servicios Públicos, Desarrollo Económico- y ahí se define buena parte de la vida cotidiana.
Como ciudadanos, hay mucho que hacer. Saber qué comisión preside nuestro regidor o regidora, consultar la Gaceta Municipal o asistir a las sesiones públicas de Cabildo, nos permite saber qué y a quién exigirle, es el camino para una democracia funcional.
Vale la pena analizar experiencias de contraloría social como RegidorMX, que surgieron en la frontera norte. En Ciudad Juárez, el monitoreo ciudadano impulsado desde 2010 derivó en más información pública, mayor claridad sobre las responsabilidades de los regidores y, en 2017, en un hecho inédito: la reforma al reglamento para permitir participación ciudadana con voz en Cabildo y comisiones. Hoy esa red agrupa a 21 organizaciones y está presente en 29 municipios y 16 estados del país, con una agenda clara: cabildo abierto, transparencia y legalidad.
El debate actual sobre la elección directa de regidores, con Nayarit como referente territorial y Chihuahua como epicentro de la exigencia ciudadana, es una pregunta democrática de fondo: ¿a quién responden realmente los regidores: a quien encabeza el ayuntamiento, al partido que los postuló o a los problemas de la gente que votó por ellos?
Mientras esa discusión avanza, podríamos dejar de repetir que “no sirven” y empezar a observar, exigir y reconocer. Porque cuando desde una regiduría se defiende un parque, se garantiza agua potable a comunidades irregulares, se logra que se condonen pagos a microempresas en crisis o se capacita a las autoridades auxiliares, como también hizo Rodrigo, la democracia municipal deja de ser discurso y se vuelve servicio público. Ahí, en lo local, es donde empieza -o se pierde- la confianza ciudadana.
POR ANA LILIA HERRERA ANZALDO
COLABORADORA
@AnaLiliaHerrera









