RETROVISOR POLÍTICO / VOTO CONTRA LA NORMALIZACIÓN DE LA VIOLENCIA @ivonnemelgar #MartesDeColumnas mujeresmas.mx

Con el conteo de los votos cerramos mañana un proceso electoral en el que terminamos normalizando la violencia criminal que desde hace dos sexenios veníamos considerando como nuestra mayor tragedia.
Alarma la trivialización que el tema tuvo en las plataformas partidistas, tanto de la coalición gobernante como de la alianza opositora, centrados más en la competencia de qué era peor, si el pasado o el presente.
Tampoco Movimiento Ciudadano (MC) ofreció a nivel de la campaña federal una idea relevante al respecto, porque, como los otros dos competidores de peso, focalizó su mensaje en descalificar tanto a Morena y sus aliados como al frente del PAN, PRI y PRD.
Y es que al final de cuentas, en los hechos, sólo los propagandistas pueden seguir con el cuento de “la guerra y los muertos de Calderón” sin que las palabras les escupan en la cara.
Quizá eso explica que esta contienda electoral federal sea la primera que, desde 2009, haya ignorado el asunto central de cómo le hacemos para construir la paz. Porque ya todas las fuerzas gobernantes saben que esa consigna del “¡No más sangre!” resulta insuficiente para frenar el dominio del crimen organizado en algunas franjas del país.
No pudo hacerlo el presidente Peña Nieto, que había ofrecido cambiar de estrategia de seguridad y, en los hechos, únicamente eliminó el tema en su discurso. Pero lo cierto es que en las elecciones intermedias del sexenio de Calderón y en las presidenciales de 2012, tanto el PRI como el PRD capitalizaron electoralmente la crisis que desbordó al gobierno cuando decidió afrontar a los cárteles de manera armada.
Después vendría la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, la fuga de El Chapo y su nueva captura, como episodios que confirmaron la incapacidad del Estado para frenar el poder de la violencia criminal en diversos sentidos.
Y aunque hace tres años el candidato López Obrador obtuvo un triunfo histórico con el ofrecimiento de poner fin a la corrupción y la desigualdad, éste también fue presentado como diagnóstico sobre la falta de seguridad y la persistencia de las actividades ilícitas en las que caían poblaciones marginadas y jóvenes sin oportunidades.
En noviembre de 2018, el ahora candidato de Morena a la gubernatura de Sonora, Alfonso Durazo, quien sería su primer secretario del ramo, presentó, con el presidente electo López Obrador, el Plan Nacional de Paz y Seguridad, que confirmaba la continuidad de la militarización porque las policías estaban descompuestas. Pero tenía tres grandes apuestas: uso legítimo de la fuerza del Estado, desmontar la narcopolítica y pacificación con amnistía incluida.
Muy pronto, y con el respaldo de todas las fuerzas políticas, se creó la Guardia Nacional y las leyes encaminadas a cubrir la primera apuesta.
Y la detención del exsecretario de Seguridad Genaro García Luna fue anunciada como evidencia del combate a la narcopolítica.
Pero si quedaba duda de que la tarea de pacificación sigue pendiente, las campañas electorales nos dejaron claro que hay territorios de la República donde los candidatos a presidencias municipales fueron derrotados a plomazos.
Entre septiembre de 2020 que inició el proceso electoral y el 31 de mayo de 2021, la consultora Integralia, que dirige Luis Carlos Ugalde, reportó que hubo 167 asesinatos: 91 eran representantes electos, miembros de partidos políticos y candidatos a cargos de elección popular.
Es cierto que tiene razón el presidente López Obrador en cuanto que en 2017-2018 hubo más víctimas mortales, con 152 políticos asesinados, según datos de Etellekt.
Pero conformarse con decir que ésta fue la segunda contienda más violenta es señal de una escandalosa y triste normalización de una realidad para la que Morena, en su plataforma electoral 2021, vuelve a prometer, como hace 30 meses lo hicieron el Presidente y Durazo, justicia transicional, tregua y tribunales de paz.
Si el presidente López Obrador logra mañana la mayoría calificada en la Cámara de Diputados podrá emprender reformas a la Constitución para concretar los procesos regionales de pacificación que se plantean en el documento y que, suponemos, responden al lema electoral de 2018 de abrazos no balazos.
La plataforma de Morena registrada ante el INE habla de construir un balance entre justicia, reparación del daño y reconciliación, y de garantía de no repetición, asuntos que, también lo suponemos, estarían ya en la mira de la secretaria de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez.
No se precisa en el documento si la tregua de la que se habla sería con respecto a los grupos delictivos.
Pero después de un proceso con tanta sangre, las promesas de pacificación, reconciliación y tregua resultan urgentes y obligadas. Sea que el Presidente y su partido confirmen la hegemonía en San Lázaro y más aún si la oposición logra reducirla.
Que los votos ya no sean sólo para regocijarse en el poder.









