¿SER O HACER? EL DILEMA #JuevesDeMasColumnas @AnaLiliaHerrera EN @heraldodemexico
Los datos confirman el malestar. De acuerdo con la OCDE, los partidos políticos y el Congreso son las instituciones en las que menos confían los mexicanos.
La política atraviesa uno de sus momentos más delicados: desconfianza generalizada, polarización emocional y una preocupante frivolización tanto del ejercicio del poder como de la crítica social. Hoy, casi todo se grita y poco se entiende. Se acusa sin distinguir, se defiende sin razonar y se gobierna o se representa -demasiadas veces- sin conocer los límites que impone la ley. En este ruido constante, la política deja de ser vista como una responsabilidad al servicio de toda la sociedad y se reduce, peligrosamente, a un espectáculo de voluntades, ocurrencias y egos.
Los datos confirman el malestar. De acuerdo con la OCDE, los partidos políticos y el Congreso son las instituciones en las que menos confían los mexicanos. No es un rechazo a la democracia, sino a quienes la representan. La brecha entre representantes y representados se ha ensanchado por la falta de resultados, la opacidad, el incumplimiento de promesas y la percepción -persistente- de corrupción e impunidad. A ello se suma una ciudadanía cansada, que exige poco y a veces exige mal, más preocupada por el escándalo que por la legalidad.
Aquí conviene recordar una distinción fundamental que parece haberse extraviado: los ciudadanos pueden hacer todo aquello que la ley no prohíbe; los servidores públicos solo pueden hacer lo que la ley expresamente les permite. Este principio de legalidad no es una formalidad burocrática: es el cimiento del Estado democrático. Cuando un funcionario actúa fuera de sus atribuciones, aunque crea tener buenas intenciones, vulnera la ley y debilita a las instituciones.
Un ejemplo reciente ilustra el problema. El director general de materiales educativos de la SEP convocó desde sus redes sociales, a la instalación de Comités para la Defensa de la Nueva Escuela Mexicana y de los Libros de Texto Gratuitos, ante el anuncio de la SEP de distribuir cuadernos de apoyo curricular en matemáticas y lectoescritura. No tiene facultades legales para hacerlo.
El exceso de un director general que se agrava al pretender ignorar los errores y deficiencias que hoy tienen los libros de texto gratuitos. Enmendar la plana con la publicación de nuevos cuadernos, es un deber no solo legal, sino ético, ejercido por la Secretaría, tratándose de habilidades básicas que impactan en el derecho a una “educación de excelencia”, como se propuso la reforma constitucional de 2019.
Benito Juárez lo advirtió con claridad: los servidores públicos no gobiernan a impulsos caprichosos, sino con sujeción estricta a la ley; no están llamados al ocio ni a la disipación, sino al trabajo responsable y austero. Aristóteles, siglos antes, fue aún más exigente: gobernar requiere capacidad, lealtad a la Constitución y virtud. No basta con la ideología ni con la buena intención. La excelencia en el desempeño es una obligación ética, no un lujo.
Es legítimo que haya servidores públicos con convicciones políticas firmes y trayectorias breves; lo que no es aceptable es que la falta de experiencia se convierta en ignorancia de la ley o en desprecio por la función. La política no puede seguir siendo un espacio de aprendizaje a costa del interés público. Gobernar es conducir un barco en aguas complejas: no todos los tripulantes requieren la misma pericia, pero quien toma el timón debe saber a dónde va y cómo llegar sin poner en riesgo a los demás.
Si la política ha de dignificarse, debe volver a estar bajo la lupa ciudadana. No para alimentar el linchamiento ni la descalificación fácil, sino para exigir resultados, competencia y legalidad. Menos culto a la personalidad y más respeto a la función. Menos obsesión por el cargo y más compromiso con la tarea. En política, lo importante no es ser, sino hacer; no es figurar, sino servir. Y servir empieza por lo más básico: conocer la responsabilidad que se asume y respetar, sin excepciones, la ley.
A partir de esta fecha, ¿Ser o hacer? El dilema, será un espacio para compartir mi experiencia durante casi tres décadas en el servicio público. Un espacio que sume a nuestra capacidad crítica y constructiva, para analizar experiencias de mujeres y hombres que, desde el servicio público se plantearon un legado de trascendencia social y lo alcanzaron con transparencia y legalidad, pero también para recordar que todo poder público proviene del pueblo, se paga con sus impuestos y se instituye para beneficio del pueblo, no de grupos o personas. Es ley.
Nos leemos la próxima entrega para hablar de las y los regidores.
POR ANA LILIA HERRERA ANZALDO
COLABORADORA
@AnaLiliaHerrera









