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COLUMNA, NACIONAL, POLÍTICA

Tanta atención termina por minimizar lo que tanto se critica y fortalecer lo que tanto se teme: la figura presidencial. Sobre todo, con una persona que por décadas ha mostrado su habilidad política

El sometimiento al jefe es un comportamiento clásico en México, en general en Latinoamérica. Sobre todo cuando el respeto y sumisión es hacia el jefe político, al “líder”. En nuestra sociedad, donde ya de por sí cargamos una loza histórica de politización en la que casi cualquier decisión depende de los políticos, pensemos en lo que significa el temor reverencial hacia ellos y en especial hacia el Presidente de la República.

Esto resultado de una cuestión psicológica y cultural que ha provocado, fundamentalmente, una serie de conductas complejas, pero sobre todo ha definido el rumbo del país.

Por un lado, resulta obvio en un modelo presidencialista, pero por otro no lo es tanto, porque a diferencia de lo que le ocurrió a Enrique Peña Nieto el temor reverencial se convirtió en complicidad de unos cuantos, y en desdén y burlas en la mayoría del pueblo, lo que fue debilitando y mermando su figura y poder. Arrinconado por los propios y ajenos en su gabinete, al final terminó entregando el país completo. En el caso de AMLO esto no ocurrirá. Este terminará por reafirmar, enaltecer y fortalecer la propia figura presidencial.

Hoy, el temor reverencial está más que vivo y presente alrededor del repunte del COVID-19 y la inevitable crisis económica. Sobre todo, será parte fundamental del resultado de las elecciones del 2021.

Unos por interés, otros por miedo, pero en general el temor reverencial es el “estado natural” de los políticos actuales.

Tomemos algunos ejemplos como Fernando Belaunzarán, Jorge Triana, Guadalupe Acosta Naranjo, Gabriel Quadri, hasta Laisha Wilkins o cualquier otra persona con características similares: confrontativo, frontal, irónicos, con amplio uso de adjetivos calificativos, burlas y sarcasmos.

Este discurso en tono, contenido y profundidad es un sistemático juicio al actor principal, que se ha convertido ahora, en una crítica hasta del tamaño de la corbata, si los pantalones le quedan largos, si le ha crecido el vientre y muchas otras, que si bien tienen algo de razón, la última consecuencia es enviar el mensaje del presidente todopoderoso, el único importante, el centro de atención, el responsable del país, al que debemos temer por un lado y adorar por otro.

En efecto, tanta atención termina por minimizar lo que tanto se critica y fortalecer lo que tanto se teme: la figura presidencial. Sobre todo, con una persona que por décadas ha mostrado su habilidad política, su olfato y sobre todo desapego al dinero. Con una característica especial, su capacidad de victimizarse.

Porque de aquí a junio del 2021 veremos a un Presidente hábil, poderoso y sobretodo víctima. En la ruta, en que la necedad de vencerlo sólo con el hecho de estar en contra de él, Sí por México de la mano con PAN, PRI y PRD
abonan en el modelo.

No quieren darse cuenta, de que lo que los vencerá cuando inicien formalmente las campañas políticas será la consecuencia de su temor reverencial.

¿De verdad, en este país no hay alguien con la capacidad de ofrecer un modelo de gobierno que atraiga a la población?

Es pregunta.

POR MARTHA GUTIÉRREZ
ANALISTA EN COMUNICACIÓN POLÍTICA
@MARTHAGTZ