EL MISMO BALÓN #JuevesDeMasColumnas @jimeaja EN @heraldodemexico

Esta misma semana leí otro dato que obliga a matizar cualquier optimismo fácil. En España, la madrugada posterior a la final del Mundial 2026 que España ganó.
Hay un dato que vale la pena repetir: según un estudio de EY y espnW, 94% de las mujeres que llegaron al C-suite jugaron algún deporte, y más de la mitad de ellas compitió a nivel universitario. El 80% de las ejecutivas de las empresas del Fortune 500 practicaron deporte en su juventud. La disciplina, la resiliencia y el trabajo en equipo que se aprenden en una cancha se trasladan, casi intactos, a una sala de juntas. El deporte, cuando se practica, construye.
Esta misma semana leí otro dato que obliga a matizar cualquier optimismo fácil. En España, la madrugada posterior a la final del Mundial 2026 que España ganó, las llamadas al 016, la línea de atención a víctimas de violencia de género, subieron 120.8% frente a la semana anterior. Ganaron, y aun así hubo más violencia esa noche. No es un caso aislado: un estudio de la Universidad de Lancaster documentó que la violencia doméstica en Inglaterra sube 26% cuando su selección gana o empata, y 38% cuando pierde. Otro, de la Universidad de Warwick, encontró que los casos de violencia doméstica ligados al alcohol aumentan 47% los días en que Inglaterra gana en un Mundial o una Eurocopa. Y la policía del futbol en Reino Unido registró, en este Mundial, la cifra más alta de denuncias domésticas de la que se tenga registro.
Las primeras veces que crucé estos dos datos en mi cabeza, me costó trabajo aceptar que hablaban del mismo fenómeno. Pero creo que hablan de lo mismo: el deporte no es bueno ni malo por sí solo, es un amplificador de lo que ya existe. Quien lo practica, entrena valores que después le sirven para toda la vida. Quien solo lo consume como espectáculo, mezclado con alcohol y con el calor de la multitud, ve amplificado lo que ya traía consigo, para bien o para mal.
Esa distinción me parece hoy más urgente que nunca. No basta con llenar estadios ni con ganar copas del mundo si no cuidamos también lo que pasa fuera de la cancha, en las gradas y en las casas donde se ve el partido. Desde la dirigencia deportiva, esto no puede quedarse solo como una estadística incómoda: exige campañas de prevención coordinadas con cada gran torneo, protocolos de atención activados antes del primer silbatazo, y la honestidad de reconocer que un evento deportivo, mal acompañado, puede sacar lo peor de quienes solo lo miran desde el sillón.
El mismo balón que ayuda a construir liderazgo en quien lo juega, puede coincidir con noches más peligrosas para quien solo lo observa. Esa contradicción no la resuelve ningún marcador. La resolvemos nosotros, decidiendo qué hacemos con el deporte una vez que el árbitro pita el final.
POR JIMENA SALDAÑA DE AJA
Secretaria General y CEO de Panam Sports
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