PASIÓN POR CORRER / EL ARTE DE FRENAR #MartesDeColumnas @ayalaross1 en @elheraldo_mx

COLUMNA, NACIONAL, POLÍTICA

El pasado fin de semana, un humanoide llamado Tiangong Ultra completó la prueba de los 100 metros en solo 9.39 segundos durante una carrera en los segundos Juegos Mundiales de Robots Humanoides que se celebran en Pekín

Durante 17 años, los 9.58 segundos de Usain Bolt, en los 100 metros, parecieron una frontera infranqueable para cualquier ser humano. Desde 2009, el atleta jamaicano estableció una de esas marcas que desafían el tiempo y que, aun cuando algún día fueran superadas, permanecerán como testimonio de lo extraordinario que puede llegar a lograr el hombre… hasta que llegaron los robots.

El pasado fin de semana, un humanoide llamado Tiangong Ultra completó la prueba de los 100 metros en solo 9.39 segundos durante una carrera en los segundos Juegos Mundiales de Robots Humanoides que se celebran en Pekín. Diecinueve centésimas menos que el récord que Bolt estableció en Berlín en el Campeonato Mundial de Atletismo. Una máquina pudo correr más rápido que el hombre más veloz de la historia.

Pero la anécdota no terminó en la meta. El robot tuvo problemas para detenerse y terminó impactando contra la barrera de protección. Por un instante la escena parecía sacada de una película de ciencia ficción. Hasta hay una frase que circula en redes atribuida a Sarah Connor, la protagonista de Terminator: “Cuando los robots te persigan, corre hacia la pared”. La frase no aparece literalmente en la película, pero resulta difícil no pensar en ella cuando una máquina acaba de aprender a correr más rápido que nosotros y todavía no domina el cómo frenar.

Y quizá ahí esté lo verdaderamente interesante, porque correr no solamente es velocidad. Es saber cuándo acelerar y cuándo contenerse. Cuándo apretar el paso y cuándo reservar fuerzas. Es reconocer las señales del cuerpo, corregir el ritmo, adaptarse a lo inesperado. A veces, incluso, saber que detenerse también puede ser una forma de avanzar.

En Pekín compiten más de dos mil robots humanoides de 16 países en 51 pruebas. Corren, saltan, boxean, juegan futbol y realizan otras actividades más complejas como el tenis de mesa, la lucha libre o la halterofilia. Las máquinas enfrentan tareas diseñadas para poner a prueba tanto sus capacidades “deportivas como su habilidad para realizar tareas de la vida real”.

Los números impresionan. Uno realizó un salto vertical desde una posición estática y alcanzó los 2.88 metros, por encima de los 2.45 del récord mundial humano de salto de altura. Otro, en abril pasado, completó un medio maratón en 50:26 minutos frente al récord humano fijado en 57:20, aunque bajo condiciones muy distintas. Aquí llega la inevitable pregunta: ¿qué significa ser el más rápido o el más fuerte cuando una máquina podría hacerlo mejor?

Quizás la respuesta está en todo aquello que un cronómetro no alcanza medir: el esfuerzo y las sensaciones. La máquina puede saber cuánto falta para llegar. Nosotros sabemos todo lo que dejamos atrás para conseguirlo. Ahí está nuestra ventaja. Sí, las máquinas están aprendiendo a correr. Nosotros solo tenemos que decidir para qué.

Por Rossana Ayala