PASIÓN POR CORRER / NO TODO ES MARATÓN #MartesDeColumnas @ayalaross1 en @elheraldo_mx
Hubo momentos en los que la idea de correr un maratón no nació de mí, sino de esa presión “todos lo están logrando”. Y ahí es donde conviene detenerse.
Hoy, conseguir un lugar en los grandes maratones se ha vuelto una carrera aparte. Las inscripciones vuelan y, en cuestión de horas, en muchos eventos se alcanza el límite de cupo. El auge que dejó la pandemia, sumado a la tecnología, las redes sociales y la evolución del calzado, ha contribuido a que los corredores consideren los 42.195 kilómetros como la distancia obligada. Una prueba como símbolo de validación deportiva, de estilo de vida y de fenómeno social.
Sin embargo, conviene reflexionar esa idea:¿Realmente necesitamos correr un maratón para considerarnos corredores? Correr bien, con disciplina y pasión, no depende de una sola distancia. No existe una única ruta válida dentro de este deporte. Nadie está obligado a perseguir esa meta si no conecta con sus intereses, sus tiempos o sus circunstancias. El valor de correr no está en la distancia final, sino en todo lo que ocurre en el proceso, mientras avanzas.
Y es que prepararse para un maratón no es cualquier cosa. Lo hemos dicho aquí: Implica horas de entrenamiento, cambios en la alimentación, disciplina en el descanso y una fortaleza mental capaz de mantener el proceso durante meses, incluso años. Cuando esas condiciones no están bien alineadas, lo que podría ser una experiencia enriquecedora puede derivar en desgaste, frustración o incluso en lesiones.
Hubo momentos en los que la idea de correr un maratón no nació de mí, sino de esa presión “todos lo están logrando”. Y ahí es donde conviene detenerse. Con el tiempo aprendí que elegir no correr un maratón también es una decisión válida. Muchas veces, es el resultado de escucharte con honestidad. Hay etapas para exigirse al máximo y otras para disfrutar el movimiento desde un lugar más ligero, sin presión, exigencia, sin el peso de las expectativas.
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Además, el crecimiento como corredor no depende solo de la distancia. Un 5K corrido al máximo puede ser tan demandante como una larga distancia; un 10K bien ejecutado requiere inteligencia y fuerza; y el medio maratón ofrece un equilibrio entre resistencia y estrategia. Cada una de estas distancias plantea retos reales y deja grandes aprendizajes. El avance no se mide en kilómetros acumulados, sino en la calidad del esfuerzo y en la forma en que te transformas a través de él.
Al final, correr trasciende cualquier meta puntual, se trata de convertirlo en un hábito flexible, capaz de adaptarse a nuestra vida. Conozco a corredores y corredoras que son constantes, fuertes y se sienten plenos sin haber cruzado nunca la meta de un maratón. Y si algún día eligen hacerlo, seguramente lo harán desde su deseo genuino. Porque sí, completar los 42.195 kilómetros puede ser una experiencia poderosa, pero no define a nadie. La distancia correcta es la que resuena contigo. Desde lo que te mueve.Y si el maratón llega, que sea por elección, no por obligación.
POR ROSSANA AYALA










