PASIÓN POR CORRER / SABER LLEGAR #MartesDeColumnas @ayalaross1 en @elheraldo_mx
A veces será necesario soltar unos segundos para recuperar el control; otras, aprovechar un buen momento para apretar.
Conforme pasan los kilómetros, uno entiende que correr es mucho más que intentar ir más rápido. Al principio, la mirada está puesta en el cronómetro, en mejorar tiempos y en bajar marcas. Pero con los años y la experiencia descubrimos que una carrera no siempre la gana quien arranca más fuerte ni quien cruza primero la meta; muchas veces la gana quien entiende que -como bien decía José Alfredo Jiménez-, lo importante está en saber llegar.
Porque en la distancia, como en la vida, la diferencia no está en la velocidad, sino en la inteligencia para administrar el esfuerzo y en encontrar el momento exacto para acelerar o guardar nuestra energía. Llevado a lo práctico, esta idea tiene su punto de partida en algo muy concreto: en una carrera nunca debemos dejarnos llevar por la emoción de los primeros kilómetros. Al inicio el cuerpo responde y es muy fácil correr 10 o 15 segundos más rápido de lo previsto sin darnos cuenta.
El problema es ese pequeño exceso, que parece no tener consecuencias al principio, suele cobrarse la factura más adelante cuando la fatiga se acumula y el ritmo llega a su límite. Por eso, la clave está en entrenar y entender tu paso objetivo y respetarlo desde el inicio. Si tu meta es correr 10 kilómetros en 50 minutos, eso implica sostener un paso cercano a los 5 minutos por kilómetro. Más que un número es una guía. Te ayuda a distribuir el esfuerzo con lógica.
En lo personal, una estrategia que me ha funcionado es comenzar un poco por debajo de mi ritmo objetivo y permitir que el cuerpo encuentre su lugar dentro de la carrera. No siempre es fácil, porque entre la música, la energía de salida y la emoción de ver a tantos corredores, la tentación aparece desde los primeros metros. Sin embargo, de esta manera le doy tiempo a mi sistema aeróbico para asentarse y ese margen inicial termina jugando a favor en los últimos kilómetros.
La lógica es simple: no hay que quemar etapas antes de tiempo. La primera parte es para colocarte, después para estabilizarte y el cierre para competir. Cambiamos la dinámica mental. Ya no se trata de resistir, sino de avanzar con mejores sensaciones. Para eso entrenamos, más que para aferrarnos a un plan, lo que buscamos es interpretarlo. Escuchar y sentir cómo responde nuestro cuerpo y hacer ajustes finos en el camino. A veces será necesario soltar unos segundos para recuperar el control; otras, aprovechar un buen momento para apretar.
Porque al final, no se trata de llegar primero, sino de llegar mejor. Incluso como corredores amateurs, hay un enorme valor en comprender cómo funciona nuestro cuerpo y adaptarlo de la manera más amorosa a nuestros objetivos. Cuando logramos eso, una meta deja de ser únicamente un resultado y se transforma en la satisfacción de saber que tomamos las decisiones correctas.
POR ROSSANA AYALA
@AYALAROSS1











