VENEZUELA Y EL GATOPARDISMO #Domingueando @TereValeMX EN @heraldodemexico

COLUMNA, NACIONAL, POLÍTICA

Venezuela con Maduro o sin Maduro sigue siendo un país bajo el dominio de un gobierno autoritario con las mismas carencias y necesidades que hace cinco meses.

Con la captura y extracción de Nicolás Maduro en Venezuela, el pasado 3 de enero de este 2026, muchos amantes de la democracia y las libertades sintieron un gran alivio. Como dicen en aquel país ante la inminencia de una buena noticia o del derrocamiento del dictador: “les entró un fresquito” y pensaron que ¡al fin! las cosas iban a cambiar en la agobiada tierra de Bolívar. Yo no lo creí, por cierto.

Y no es que sea una pesimista incansable -que lo soy- sino que simplemente conociendo las prioridades y características del actual presidente de USA no podía hacerme grandes ilusiones. El tiempo me ha dado la razón, desgraciadamente.

Hija como soy de un venezolano en el exilio debido a la dictadura de Pérez Jiménez, sé que para los venezolanos nada podría ser más anhelado que dejar atrás los 27 años que lleva el chavismo apoderado de este hermoso país sudamericano. Nada de esto sucedió.

Venezuela con Maduro o sin Maduro sigue siendo un país bajo el dominio de un gobierno autoritario con las mismas carencias y necesidades que hace cinco meses. Su situación sigue siendo incierta y contradictoria. De ninguna manera puede hablarse de que exista una democracia ni siquiera incipiente y mucho menos en vías de consolidarse. Tampoco podemos decir que actualmente se respeten los derechos humanos o que se respete la libertad de expresión.

Si, Maduro cayó, pero el aparato chavista sigue igualito, está intacto. Un par de cambios cosméticos no han producido el ansiado cambio y el nulo interés que el gobierno estadounidense tiene en ello resulta evidente. Para Trump, Venezuela es petróleo, significa miles de millones de dólares; no representa un país en busca de libertades y democracia. Delcy Rodríguez es la comparsa perfecta, maravillosa para llevar a cabo esta mascarada. Se ha producido, como dicen muchos politólogos, una “adaptación autoritaria”. No en balde hace unos cuantos días el presidente estadounidense se atrevió a publicar en sus redes que Venezuela estaba en vías de convertirse en el estado 51 de la Unión Americana. Y con todo y esta afirmación no sucedió nada.

Organizaciones con peso internacional como Human Rights Watch o Freedom House documentan que la represión sigue vigente, que el poder judicial y el legislativo continúan sin ser autónomos, que la seguridad está en manos de los militares y que el poder sigue ejerciéndose de manera arbitraria mientras persiste la persecución selectiva de opositores y de quien les venga en gana.

Los líderes opositores siguen en el exilio, no pueden regresar a su tierra y no se ve ni para cuándo se llevarán a cabo procesos electorales libres y confiables. Cosas elementales y básicas como la alimentación de la ciudadanía, la distribución de medicamentos o los servicios de salud tampoco han mejorado.

En fin, pobreza para las mayorías, millones de venezolanos exiliados y la bien conocida debilidad institucional continúan en aquella nación.

Se cumplió aquella sentencia ominosa de Lampedusa: “Algo tuvo que cambiar para que todo siguiera igual”. El perturbador gatopardismo donde se encuentran los populistas de izquierda y de derecha llegó, aquí está.

POR TERE VALE

COLABORADORA

@TEREVALEMX