LO QUE GLORIA STEINEM ENTENDIÓ ANTES QUE EL RESTO #Domingueando @jimeaja EN @heraldodemexico
Steinem fue periodista antes que activista. Cofundó la revista “Ms.” en 1972, cuando ni siquiera existía una palabra para lo que hoy llamamos acoso sexual.
Murió hace apenas unos días, a los 92 años, y sospecho que muchas personas leyeron la noticia sin saber bien quién era Gloria Steinem. Vale la pena explicarlo: en 1956 decidió no casarse con un hombre “muy agradable” que tenía enfrente, y en cambio se fue a India con una beca modesta. Ese primer “no” terminó definiendo el resto de su vida.
Steinem fue periodista antes que activista. Cofundó la revista “Ms.” en 1972, cuando ni siquiera existía una palabra para lo que hoy llamamos acoso sexual: ella lo describía simplemente como “la vida”. A los 22 años se sometió a un aborto clandestino, y décadas después seguía diciendo que ese momento, no un discurso ni una marcha, fue el verdadero inicio de su activismo. En 2015 caminó junto con dos premios Nobel de la Paz desde Pyongyang hasta Corea del Sur, cruzando la zona más militarizada del mundo.
De su legado vale la pena destacar que Steinem respaldó públicamente el Título IX, la ley estadounidense de 1972 que prohibió discriminar por sexo en las instituciones educativas que reciben fondos federales, y que terminó abriéndole a las mujeres el deporte universitario. No lo defendía solo como una cuestión de acceso: decía que ver a las mujeres correr, sudar, competir sin pedir permiso, era una de las medidas más íntimas de qué tanto había cambiado realmente una sociedad. Hillary Clinton lo resumió esta semana: Steinem nunca iba a jugar un deporte universitario, pero respaldó a las mujeres del Congreso que aprobaron el Título IX y abrieron esas oportunidades para las niñas. En el deporte, es imposible no reconocer esa deuda.
Una de las cosas más interesantes de su legado, sin embargo, no es lo que logró, sino lo que advirtió en sus últimos años. En 2020, Steinem firmó, junto con Margaret Atwood y Salman Rushdie, una carta pública contra la cultura de la cancelación: esa costumbre de responder a una opinión incómoda no debatiéndola, sino intentando borrar por completo a quien la dijo, quitarle el trabajo, la reputación o la voz. En el New York Times fue todavía más directa: describió como “hostil” una forma de activismo donde, en lugar de oponerte a un acto o una declaración específica, terminas oponiéndote a la persona entera, sin dejarle espacio para corregirse ni seguir en la conversación. Lo dijo una mujer que pasó sesenta años señalando injusticias reales. Si ella vio ese riesgo, prefiero que lo tomemos en serio.
Sin caer en la caricatura de la feminista que todo lo justifica, creo que en algo nos hemos equivocado. No en la causa, que sigue siendo tan necesaria como en 1972, sino en el tono con el que a veces la defendemos. Cuando cada desacuerdo se convierte en una guerra personal, cuando ya no se discute una idea sino que se cancela a quien la dijo, no estamos convenciendo a nadie nuevo. Estamos, como decía Steinem, mirando el mundo con un solo ojo, exactamente lo que ella pasó su vida entera pidiéndonos que no hiciéramos.
Steinem murió sin ver a Estados Unidos elegir jamás a una mujer presidenta, algo que en marzo de este año todavía calificaba de ridículo: estamos, decía, escogiendo entre la mitad del talento del país. Tenía razón en eso. Pero también tenía razón en lo otro, en lo incómodo: que la forma en que defendemos una causa puede terminar alejando a la misma gente que necesitamos convencer para que esa causa avance.
POR JIMENA SALDAÑA DE AJA
Secretaria General y CEO de Panam Sports
@JIMENASALDANAG









