PASIÓN POR CORRER / LA VIGENCIA DE UNA PASIÓN #MartesDeColumnas @ayalaross1 en @elheraldo_mx
En Kiplagat hay algo que trasciende los resultados: después de tantos años en la élite, sigue encontrando en la competencia un motivo para ponerse a prueba.
A los 46 años, Edna Kiplagat terminó en cuarto lugar el Maratón de Nueva York disputado el domingo pasado, con 2:25:42. Es un resultado notable para quien ganó esta misma carrera en 2010 y conquistó dos títulos mundiales de maratón, en 2011 y 2013. Han pasado 16 años desde aquella victoria y la keniata continúa compitiendo entre las mejores del mundo. Lo excepcional no es el paso del tiempo, sino la capacidad de mantenerse en la élite durante tantos años.
En esa misma carrera, el atleta español, ex campeón mundial, Martín Fitz protagonizó una experiencia distinta. A los 63 años corrió el último maratón de su trayectoria, el número 42, acompañado de su hijo, quien debutaba en la distancia. Fitz explicó que ya no podía afrontar los 42.195 kilómetros con la exigencia física y mental que se había impuesto durante años. Su decisión, sin embargo, no significa dejar de correr. Ahora busca nuevos desafíos en el medio maratón y los 10 kilómetros.
Las historias de Kiplagat y Fitz muestran dos maneras de relacionarse con el paso del tiempo. Una continúa compitiendo al máximo nivel; el otro decidió dejar atrás la distancia que marcó buena parte de su carrera. Para quienes corremos por afición, reconocer ese cambio tampoco es sencillo. Aceptar que las condiciones ya no son las mismas, puede resultar difícil, sobre todo, cuando seguimos comparándonos con lo que fuimos.
Pero reinventarse como corredor no consiste simplemente en aceptar que corremos más lento. Significa dejar de medir el presente con parámetros de otra etapa. Una marca que antes parecía alcanzable puede dejar de serlo, y aferrarse a ella no necesariamente nos hace más perseverantes. También hay exigencia en reconocer los cambios, revisar las metas y plantearnos nuevos desafíos.
La experiencia no tendría que convertirse en una cuenta pendiente con el pasado. También puede ayudarnos a reconocer lo que hemos ganado en el camino y a entender qué buscamos ahora en la carrera. Mantenerse corriendo requiere, a veces, cambiar los objetivos sin renunciar a la ambición.
En Kiplagat hay algo que trasciende los resultados: después de tantos años en la élite, sigue encontrando en la competencia un motivo para ponerse a prueba. Su historia recuerda que la longevidad deportiva no consiste en conservar intactas las capacidades de otra época, sino en encontrar nuevas formas de seguir adelante sin perder el gusto por aquello que nos llevó a empezar.
En las carreras, como en la vida, llega un momento en que ya no se corre para ser el más veloz ni para ocupar el primer lugar. Los tiempos y las marcas siguen importando, pero dejan de ser el objetivo principal. Se corre porque se disfruta, porque forma parte de lo que somos, porque el movimiento sigue siendo un motor y abandonar aquello que nos ha acompañado durante tantos años, sería, de alguna manera, renunciar a una parte de nosotros mismos.
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POR ROSSANA AYALA
@AYALAROSS1










