PROHIBIDO PROHIBIR #MartesDeColumnas @rubenmoreiravdz EN @Marurojasreport
Rubén Moreira Valdez
“Gelatinas, gelatinas”. Burlándose y contoneándose, el presidente de México inició una de sus emisiones de las mañaneras. Se mofaba de la candidata opositora Xóchitl Gálvez, quien en ese momento era una seria contendiente frente a la candidata oficial. Dos años antes, López Obrador había intervenido de manera burda en el proceso electoral de Hidalgo. Entonces mintió sobre la candidata del PRI, Carolina Viggiano Austria, al atribuirle declaraciones que nunca hizo.
Tras la derrota de 2012, el tabasqueño emprendió una estrategia para presentarse como una opción atractiva para las clases medias y altas. Se disfrazó de oveja con un discurso moderado y, en algunos temas, conciliador. Al mismo tiempo, se acercó a los dueños del capital mediante algunos empresarios de dudosa reputación. Además, incorporó a su repertorio frases que, con el tiempo, resultaron falsas o profundamente peligrosas. Lo escuchamos decir, sin rubor: “prohibido prohibir”, “abrazos, no balazos”, “benditas redes sociales” y “Morena no roba, no traiciona, no miente”. Todo ello con el propósito de llegar al poder, objetivo que alcanzó en 2018.
Sin embargo, desde la llegada de Morena al gobierno comenzó un proceso de demolición de la joven democracia mexicana. El primer paso fue la desaparición de los órganos autónomos, con lo que se debilitó una parte importante de las instituciones creadas para limitar los abusos del poder y, en particular, contener el hiperpresidencialismo.
Posteriormente, vino la presión sobre los medios de comunicación y los opositores. De un día para otro, numerosos diputados se sumaron a la mayoría oficialista y surgió una cascada de medios digitales afines al régimen. Estos se añadieron a los canales oficiales, cuya programación eliminó prácticamente cualquier rastro de autonomía o de disenso.
En los últimos meses de su sexenio, y después de obtener una mayoría artificial en las cámaras del Congreso, López Obrador impulsó cambios en las reglas para la selección de los integrantes del Poder Judicial. Ahora, con el nuevo gobierno, Morena promueve normas que buscan ejercer control sobre la difusión de noticias y las líneas editoriales de los medios de comunicación del país. Todo ello ocurre en un contexto de creciente inseguridad para los periodistas y las empresas del sector.
Durante el mes que recién concluyó, fueron asesinados tres periodistas y, para colmo, un gobernador ordenó elaborar una lista de comunicadores que le resultan incómodos. Es, precisamente, en las entidades federativas donde con mayor frecuencia la hostilidad de las autoridades se traduce en
agresiones directas desde el poder. Los ejemplos más visibles: Campeche, con Layda Sansores, quien no ha dudado en llevar a periodistas ante los jueces a modo; Puebla, con Alejandro Armenta, quien los ha amenazado en actos públicos; Guerrero, donde los crímenes contra periodistas permanecen impunes; y Veracruz, con Rocío Nahle, cuyas descalificaciones hacia los comunicadores han sido constantes. En Morena existe algo más que un tufo de autoritarismo, rasgo que también se refleja en la soberbia de sus dirigentes y muchos simpatizantes.
Sin el acuerdo de los periodistas ni de las empresas de comunicación, el gobierno pretende promulgar un reglamento que, a todas luces, contiene disposiciones de carácter censurador. El objetivo, concluye el autor, es reducir los márgenes democráticos para evitar derrotas electorales en 2027. La oveja ha mostrado ser un lobo y revela su verdadera naturaleza.
En la mañanera de AMLO se difundieron más de 100 mil mentiras y no se dio derecho de réplica nunca.










