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COLUMNA, NACIONAL, POLÍTICA

¿Cómo va lo de la deuda y, sobre todo, cuánto nos va a costar pagarla? Este me parece un tema central. Ya venimos de un 2026.

El pasado 8 de septiembre, la Secretaría de Hacienda presentó ante el Congreso el Paquete Económico 2027. De hecho, ya comenzaron formalmente los trabajos en comisiones de la Cámara de Diputados. Hay una serie de preguntas que me asaltan a partir del mentado Paquete Económico. Ahí les van:

1. ¿Cómo va lo de la deuda y, sobre todo, cuánto nos va a costar pagarla? Este me parece un tema central. Ya venimos de un 2026 en el que el costo financiero de la deuda rondaba 1.6 billones de pesos, o sea, eso pagamos por todo lo que debemos. El asunto no es solamente cuánto debe México, sino cuánto presupuesto se destina a pagar intereses y refinanciamiento. México Evalúa calculaba para 2026 que tres de cada cuatro pesos de ingresos propios ya estaban comprometidos en pagos prácticamente ineludibles. Estamos en una situación complicada que hasta donde entiendo va a hacer que se invierta poco y con muchas limitaciones en temas prioritarios.

2. ¿Está bajando el déficit? ¿Estamos reduciendo nuestros gastos? Gastamos más de lo que ingresa y eso es agobiante para el desarrollo económico de todos. La pregunta importante para el Congreso y para los ciudadanos es: ¿resulta sostenible el gasto sin recortar más la inversión productiva o los servicios públicos? Además, hay que decir que el financiamiento internacional se ha encarecido, lo cual vuelve mucho más costosa una deuda que antes podía manejarse con tasas un poco menores.

3. ¿Y Pemex? La pregunta incómoda sería: ¿cuánto más puede necesitar Pemex para sobrevivir sin quitarle recursos a otras prioridades nacionales? En el análisis del presupuesto 2026, México Evalúa ya calculaba que Pemex tendría un saldo negativo para las finanzas públicas de alrededor de 31 mil millones de pesos. Mucho dinero. Ahora vuelve la discusión sobre hasta qué punto el apoyo a Pemex -y también las necesidades de CFE- desplazarán las inversiones en salud, educación, seguridad y obra pública en general. Es un problema complicado.

4. ¿Y las pensiones y programas sociales? Aquí hay que separar dos consideraciones. Una es si los programas sociales son indispensables para una parte considerable de la población y otra, diferente, es cómo lograremos financiarlos permanentemente. Pensiones, participaciones, servicio de la deuda y otros gastos obligatorios dejan cada vez menos recursos disponibles para implementar nuevas políticas públicas. Incluso Ricardo Monreal reconoció hace unos días que más del 80% del gasto tiene un margen limitado de modificación. Y esto sin meternos a hablar de temas prioritarios como salud, educación y seguridad, rubros muy necesitados de apoyos.

5. Y lo más difícil: ¿de dónde saldrá una mayor recaudación sin una reforma fiscal? Esta es la gran pregunta. El gobierno está apostando en parte a una mayor eficiencia recaudatoria, combate a la evasión, desaparición de las factureras y a prácticas fiscales ilegales. Eso puede producir más ingresos, sí, pero ¿cuánto realmente puede recaudar adicionalmente el SAT por esa vía y cuánto depende también de que la economía crezca?

Las soluciones pueden verse estupendas sobre el papel y luego no llegar a cumplirse. Espero equivocarme.

POR TERE VALE

COLABORADORA

@TEREVALEMX