SU CUERPO, SU DECISIÓN; LAS APUESTAS, OTRO PROBLEMA #Domingueando @jimeaja EN @heraldodemexico

COLUMNA, NACIONAL, POLÍTICA

Entiendo la molestia. Muchas de esas atletas llevan años peleando para que se les reconozca por su desempeño y no por su cuerpo.

Sydney Sweeney apareció desnuda, cubierta solo con balones de fútbol americano, guantes de box y una raqueta de tenis, en un anuncio de casi un minuto para una conocida plataforma de apuestas deportivas de la que, además, se sabe que es accionista. Le llovieron críticas de atletas de altísimo nivel: la exnadadora australiana Ariarne Titmus, cuádruple campeona olímpica, dijo sentirse furiosa por lo que llamó una regresión a la sexualización del cuerpo femenino en el deporte; la triatleta francesa Mathilde Tily lo calificó de repugnante; la boxeadora y campeona mundial Skye Nicolson señaló que hay una diferencia enorme entre verse sexy haciendo deporte y usar el sexo para vender “deporte”. En las 72 horas siguientes al anuncio ganó 50,000 seguidores. En las 48 horas posteriores perdió 203,294. Para el fin de semana ya había recuperado la mayoría.

Entiendo la molestia. Muchas de esas atletas llevan años peleando para que se les reconozca por su desempeño y no por su cuerpo, en un entorno donde todavía ganan menos que sus colegas hombres y compiten por una fracción de la cobertura mediática. Esa frustración es real y no la voy a minimizar.

Pero no comparto la conclusión. Lo que sigue es mi opinión personal, no la de ninguna institución. Sweeney no es atleta, no compite, no representa a ninguna federación ni a ninguna disciplina: es una actriz y empresaria que decidió qué hacer con su propio cuerpo y su propio negocio. Confundir esa decisión personal con un ataque al deporte femenino le quita derechos justo a la persona que se supone estamos defendiendo. La libertad de una mujer para mostrar su cuerpo si así lo elige, sin que nadie la presione, es el mismo principio que defendemos cuando exigimos que nadie sexualice a una atleta sin su consentimiento. No pueden ser dos varas distintas según quién decida qué hacer con su propia imagen.

Vale la pena recordar que ese derecho a decidir sobre el propio cuerpo no cayó del cielo. Se lo debemos a generaciones de mujeres que abrieron brecha a fuerza de lucha, activismo y resistencia, desde Gloria Steinem hasta tantas otras sobre las que he escrito en estas páginas, quienes enfrentaron burlas, censura y descalificación por insistir en que una mujer es dueña de su cuerpo, de su imagen y de sus decisiones. Honrar esa lucha es, precisamente, defender el derecho de Sweeney a elegir qué hacer con el suyo, con la misma firmeza con la que defendemos el de cualquier atleta a no ser sexualizada sin su consentimiento.

Lo que sí preocupa es el negocio detrás del anuncio. La empresa se declaró ante el gobierno de Estados Unidos como “mercado de predicciones”, regulado por la comisión federal que supervisa contratos de futuros, y no como casa de apuestas tradicional. Su argumento es que esa supervisión federal desplaza a las leyes estatales de juego. Unos 19 estados lo disputan, los tribunales federales de apelación están divididos —uno falló a favor de la industria en abril y otro en contra el 28 de agosto— y la empresa ya demandó a cinco estados para impedir que le apliquen sus regulaciones. Eso no es un detalle técnico: significa quedar fuera de los límites de edad, los topes de exposición y los controles contra la ludopatía que sí exige la regulación estatal.

Esta empresa, de hecho, fija por su cuenta un mínimo de 21 años, más estricto que el de sus competidores. Pero lo fija porque quiere, no porque alguien se lo obligue. Ese es justamente el problema. Ahí está, para mí, el verdadero riesgo para el deporte. No en un comercial provocador, sino en una industria que crece más rápido que las leyes que deberían contenerla.

Considero que debemos reconocer cuándo un problema es de fondo y cuándo es de forma. La forma, en este caso, es un anuncio tal vez incómodo que cada quien puede juzgar como quiera. El fondo es una industria multimillonaria que se disfraza legalmente para no rendir cuentas, mientras usa el deporte, precisamente, como su mejor gancho de venta. Si de algo deberíamos indignarnos esta semana, es de eso.

POR JIMENA SALDAÑA DE AJA

SECRETARIA GENERAL Y CEO DE PANAM SPORTS

@JIMENASALDANAG