VENEZUELA: UNA PRUEBA PARA EL MUNDO #JuevesDeMasColumnas @rubenmoreiravdz EN @Marurojasreport
Rubén Moreira Valdez
Dos terremotos sacudieron una parte importante de Venezuela y, casi de inmediato, las imágenes se difundieron por todo el mundo. La destrucción es impresionante y la cifra de víctimas mortales aumenta de manera constante. Cientos de edificios se derrumbaron en cuestión de segundos y muchos otros quedaron inservibles, entre ellos hoteles, comercios y factorías.
El país tiene aproximadamente 30 millones de habitantes y una riqueza energética extraordinaria. Sus reservas probadas de petróleo ascienden a 303 mil millones de barriles, equivalentes a cerca del 17 % de las reservas mundiales, mientras que las de gas natural se estiman en más de 200 billones de pies cúbicos. Esa riqueza sería suficiente para construir una economía sólida y superar la grave crisis en la que se encuentra.
Por diversas razones, las cosas no marchan bien en este país sudamericano, como ocurre en muchos otros del sur. Entender lo que sucede en nuestras naciones nos conduce por los sinuosos caminos de la sociología y la historia. Sin embargo, es evidente que existen países ricos y países pobres, y que buena parte de la riqueza de estos últimos ha terminado en manos de los primeros. Esto no es nuevo ni exclusivo de América; basta mirar hacia África para descubrir el expolio que Europa ejerció sobre ese continente.
Los mexicanos sabemos lo que significan los terremotos. Hasta hace poco, nuestra capacidad de respuesta y la cultura de la protección civil nos brindaban un grado importante de seguridad. La llegada de Morena al gobierno federal y a numerosas entidades federativas debilitó las políticas públicas en la materia, así como las instituciones encargadas de aplicarlas. La desaparición del FONDEN y su sustitución por una partida presupuestal no garantiza la disponibilidad de recursos para enfrentar la recuperación tras una contingencia. Acapulco y las carreteras de Hidalgo son ejemplos de las secuelas que pueden dejar los desastres naturales cuando la respuesta institucional resulta insuficiente.
Es evidente que Venezuela no estaba preparada para enfrentar una eventualidad como la que acaba de vivir. Las imágenes que llegan a través de la televisión y las redes sociales recuerdan las de México en 1985. Sin embargo, el tamaño de su riqueza es suficiente para poner al país nuevamente de pie. Para lograrlo se requieren, al menos, tres condiciones: primero, un gobierno democrático que exprese la voluntad popular y cuente con la legitimidad que otorga el voto; segundo, la autodeterminación política de la nación y el uso soberano de sus recursos en favor de sus intereses legítimos; y, tercero, la solidaridad de la comunidad internacional y de las instituciones financieras. Estas últimas, en particular, suelen imponer condiciones que terminan por agravar la situación de los países que atraviesan una desgracia.
En México nos debemos una reflexión seria, profunda y plural sobre los sucesos que ponen en riesgo la seguridad nacional y sobre la manera de anticipar sus efectos para reducir al máximo los daños que provocan.










