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COLUMNA, NACIONAL, POLÍTICA

Nos dicen que fue una cortesía política y que no significó nada.

Pero como dijo Don Jesús Reyes Heroles, en política, la forma es fondo. Y eso lo sabe, o cuando menos, debería vislumbrar Guadalupe Taddei Zavala, la flamante presidenta del INE que se atrevió a otorgar a la Secretaría de Gobernación un lugar destacado durante la ceremonia de inicio del proceso electoral 2027.

En los 30 años que el Instituto Federal y ahora Nacional Electoral llevan como ente autónomo, ninguno de los presidentes de ese colegiado se había permitido sentar a su derecha a un representante del Ejecutivo federal, durante una ceremonia tan significativa para el ejercicio de la democracia en México.

La acción es por demás desafortunada, sobre todo por los años, las batallas y vidas que costó que el Gobierno aceptara que las elecciones fueran organizadas por la ciudadanía y no por sus operadores políticos.

Porque si algo caracteriza a este INE, es su entreguismo ante Morena y el gobierno actual.

Es evidente que Taddei Zavala y muchos otros de los consejeros están ahí como una cuota del partido en el poder que logró, cuando el proceso de selección de los Consejeros en la Cámara de Diputados, imponer su espuria mayoría para elegir a sus allegados.

Por eso, en medio de estos cuestionamientos, destacó la presencia de Rosa Icela Rodríguez en el INE, porque pareciera que ya ni las apariencias guardan. Y, lo que también brincó fue el llamado de Guadalupe Taddei a los partidos para “respetar las reglas democráticas y estar a la altura de lo que exigen las instituciones y la ciudadanía, para que los mexicanos decidan con libertad”.

En verdad llamó a los demás a respetar las reglas, aunque ella misma no lo hace.

Por ello, no podemos soslayar la advertencia de la compañera de Taddei,  la también consejera,  Carla Humphrey Jordan, cuando afirma que “el Instituto enfrenta una pérdida de capacidad institucional y un debilitamiento de sus procedimientos al inicio del proceso electoral”.

En este contexto, la renuncia de Carla Arlett Espino a la Secretaría Ejecutiva del Consejo General del INE un día antes del inicio del proceso electoral sólo sirvió para acrecentar la incertidumbre, porque el Consejo perdió la atribución de nombrar directamente a las direcciones ejecutivas, mientras que la presidencia del Instituto puede designarlas sin el aval del órgano colegiado.

“Que se vaya la única autoridad que también podemos nombrar en el Consejo General causa sorpresa e incertidumbre”, dijo Humphrey, y cómo no, si la Secretaría Ejecutiva es la cabeza de la operación de esa institución. El papel que desempeña es la piedra angular del funcionamiento del árbitro electoral.

Tiene razón el panista Jorge Triana Tena, al externar su preocupación ante los riesgos electorales que observa de cara al año 2027, como la pérdida de autonomía en el INE, ante la creciente influencia de actores externos en la estructura del organismo encargado de organizar los comicios.
Así como, la relajación en las disposiciones para anular votos en casos donde las boletas aparecen en las urnas “planchadas”, es decir sin haber sido dobladas, algo que es materialmente imposible, porque todos sabemos que para introducir las papeletas es necesario doblar, cuando menos, a la mitad, si no es que en cuartos.

Así llegamos al inicio del periodo electoral que, dicen los que saben, serán las mayores elecciones –el 6 de junio- intermedias de que haya registro. Estarán en juego 17 gubernaturas, 500 diputados federales, mil 894 ayuntamientos en treinta estados y mil 98 diputados en 31 congresos locales, un total de tres mil 419 puestos de elección popular.

Nos acercamos a un proceso electoral que será definitorio para el destino del país en los próximos tres años, el último trienio de la presidenta Sheinbaum, pero también para la década que iniciará cuando ella deje el poder.

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